Trucos para escribir diálogos en un guión

Hay buenos dialoguistas y malos dialoguistas porque escribir lo que dicen los personajes es un gran arte que requiere de una habilidad especial y no a todos los escritores se les da igual de bien.

Hay algunos que destacan por su manera de tramar y crear estructuras y otros especialistas en poner voz a los protagonistas. Sí, si te lo estás preguntando, también los hay que saben hacer bien ambas cosas.

¿La buena noticia cuál es?

Pues que se puede mejorar.

El primer consejo que te doy es que escribas borracho.

No me malinterpretes. No es que quiera que te claves una botella de whisky antes de escribir. Ya te lo expliqué aquí. Pienso que la primera versión de guión, una vez que tengas clara la escaleta, has de escribirla del tirón, sin analizar mucho, haciendo que los diálogos de los personajes fluyan en tu cabeza.

Luego ya llegará el momento de reescribir. Y, entonces, solo entonces, tendrás que hacerlo sobrio.

Ya sabes que escribir es reescribir. Porque tu primera versión de guión suele ser «una mierda». No lo digo yo, ya lo afirmó Ernest Hemingway.

Siempre que terminamos nuestra primera versión de guión estamos muy felices por el reto terminado. Bien, es normal. Pero ese no es sino el primer paso hasta que esté el guión definitivo para el rodaje.

Hay que darle vuelta a los diálogos una y mil veces si es necesario.

En esa reescritura tienes que marcarte dos objetivos.

  • Que los diálogos sean naturales y espontáneos. Es decir, que parezca que los personajes los han pensado en ese mismo momento. Por eso sus frases no deben ser perfectas. Pueden ser incluso titubeantes, con errores ortográficos, etc.
  • Que cada personaje tenga claro su propósito, lo que deberás haber decidido en el desarrollo de los mismos. Esto te ayuda a pensar con qué intención dice todo lo que dice un personaje, qué es lo que en el fondo, por debajo de esas palabras literales, está deseando.

Trucos para la reescritura de los parlamentos

Deja reposar

¿Has terminado tu primera versión? Apaga el ordenador y ponte a hacer otra cosa. A montar en moto, a pasear por el campo, vete al gimnasio, ve una serie o lee una novela. Lo que quieras. Pero pon tiempo de por medio para alejarte de tu historia. En este momento, estás demasiado imbuido en ella. Has pasado horas con esos personajes y no ves las cosas con claridad.

Probablemente, después de una horas o unos días, has sido capaz de tomar distancia. Ahora esos diálogos ya no te pertenecen, sino que son de los personajes. Y ellos serán los que, con una nueva lectura, te dirán si sus parlamentos funcionan o no funcionan.

Cada personaje debe tener su propia voz

En el momento de la reescritura debes afinar. Tus diálogos no deben ser intercambiables entre tus personajes. Es decir, lo que dice uno o cómo lo dice uno debe ser diferente a lo que dice otro o cómo lo dice otro.

Quizás te ocurra que todos los personajes suenan iguales. A lo mejor todos suenan a ti.

Prueba a tapar los nombres de los personajes y averiguar, solo con ver el diálogo, qué personaje de tu película o tu serie lo ha dicho. O prueba a que lo hagan otras personas.

Es posible que hablen un día con una voz y el siguiente con otra. O peor aún, que todos ellos hablen con la misma voz, la tuya propia. Hay que hacer que cada personaje sea único.

A veces viene bien adscribir expresiones típicas a tus personajes, algún latiguillo, un tic.

Sal a la calle y afina el oído

¿Te parece que tus diálogos no son naturales o realistas? ¿Que la gente no habla así? Lo tienes sencillo. Sal a la calle, al mercado, al metro y ponte a escuchar. Quizá, como yo en alguna ocasión, puedas escribir tu guión en una cafetería, un lugar en el que te sientas a gusto, pero que te permita escuchar a los clientes. ¿Dónde habla la gente? Sin lugar a dudas, en la calle.

A mí me gusta hacer un ejercicio que me resulta gracioso. Voy caminando por la calle y con cada pareja o grupo de personas que me cruzo trato de escuchar dos o tres diálogos sueltos. Esto, por un lado, da pie a que saque de contexto sus conversaciones, pero, por otro, te aporta momentos fugaces de diálogos muy realistas.

Y, si estás en un lugar público y escuchas cómo dos personas están charlando, te puedes fijar en cómo hablan mal. Mejor dicho, en cómo hablan de manera coloquial. Ver qué errores de puntuación hacen, cómo acortan ciertas palabras, cómo se comen otras.

No, ni se te ocurra transcribir todo lo que oyes. Lo tienes que amoldar a tu escena. Pero te servirá, como dicen los periodistas, para tomarle el pulso a la calle.

Menos es más

Ha llegado el momento de eliminar algunos diálogos y de hacer más cortos otros. Reducir es un arte y hay que saber desprenderse de cosas. Una de ellas son los diálogos prescindibles. Ya te lo expliqué aquí. Es normal que en una primera versión te pases de explicativo y de literario. Se nos va la mano y escribimos de más.

  • Sustituye diálogo por acción. Como el cine es acción, es mejor ver lo que los personajes hacen que escuchar lo que dicen que hacen.
  • Sustituye diálogo por descripción.  También te lo he dicho muchas veces. El cine es un arte visual. Entonces, todo lo que se pueda decir con una imagen es mejor que decirlo con palabras en la boca de algún personaje.
  • Sustituye parlamento por silencio. Hay silencios que dicen más que grandes peroratas y tú debes utilizarlo. Cuanto más, mejor. ¿No se dice que el calla otorga? Muchas veces el espectador rellena esos silencios con palabras en su cabeza y ésa, créeme, es la mejor opción.  Además, está claro que no decir algo es, sin duda, algo. Y, además, el silencio es el mayor ejemplo de los subtextos. Y, cómo te he dicho en más de una ocasión, el subtexto es clave a la hora de escribir diálogos.
  • Recorta los parlamentos a la mínima expresión. Y, para eso, tratar de no repetir ideas, de no ser redundante, de saber resumir. Los parlamentos, cuanto más cortos, mejor, a no ser que estén muy justificados o que se se trate de un speech clave en la trama y en la historia.

Lee en voz alta

Debes hacer tu propia mesa italiana en tu despacho, tu oficina o tu lugar de trabajo. Interpreta los diálogos como si fueras el actor y la actriz que hace de cada uno de los personajes. Muchas veces te ayudará a saber si lo que has escrito suena natural o espontáneo. También, en ocasiones, te dirá si lo que has escrito es fácil o no de pronunciar, porque demasiado a menudo los guionistas escribimos frases que son auténticos trabalenguas.

¿No ha escrito esos diálogos para ser escuchados en vez de para ser leídos? Pues sé tú el primero en escucharlos, en escucharte a ti mismo.

Busca tu propio estilo

Esto ya es para matrícula de honor y no todos los guionistas son capaces de lograrlo. De hecho, también se podría decir que no todos los guionistas quieren lograrlo porque a algunos les gusta ser versátiles.

Si te digo nombres como Aaron Sorkin, los hermanos Coen, Woody Allen o, en España, Alex Pina, el creador de La Casa de Papel… ¿a que podrías identificar una de sus películas casi sin saber el título o saber quién la he escrito?

Esto es porque estos guionistas han creado su propia marca, muy definida y muy particular. Crear tu propio estilo puede ser un reto. O no. Es tu decisión o no intentarlo.

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