Tres trucos para evitar la parálisis del análisis

Gurús, laboratorios de guión, workshops, analistas de guión, innumerables versiones, libros que creen tener la fórmula para que un guión funcione, academias y másters a precios carísimos.

Nadie tiene la última palabra ni la verdad absoluta.

Si habéis trabajado como guionistas profesionales, habréis hecho infinitas versiones de algunos capítulos de series de televisión. O de la película que conseguisteis vender a un productor.

Vosotros mismos os habéis dado cuenta de que llega un momento en que se pierde la esencia.

En algún momento entre la primera versión y la décima estaba la adecuada. Una es demasiado poca, pero debemos estar de acuerdo en que diez, quince, veinte versiones son demasiadas.

Han entrado demasiadas personas a opinar. No queda alma. Ni estilo. Ni mensaje. Ni prácticamente autoría.

Clint Eastwood llama «la parálisis del análisis» a ese sobreanálisis al que algunos guionistas, directores y productores someten a su guión.

Se pueden perder los grandes momentos que surgen en las fases de inspiración.

Él en sus películas es fanático de la primera toma, porque es aquella que trasmite mayor naturalidad y espontaneidad. Lo mismo le ocurre con los guiones. Llega un momento en que de tanto analizar nos volvemos obtusos. Nos quedamos paralizados. No sabemos avanzar.

Escribir es hacerse muchas preguntas, pero hay un momento en que se convierten en demasiadas.

Steven Spielberg confesó que la secuencia inicial de ‘Salvar al soldado Ryan’ surgió el mismo día de rodaje, yendo en contra de todo el desarrollo y el proceso creativo que había llevado a cabo antes con sesudos análisis. Surgió la inspiración y creó una de las secuencias más icónicas del cine.

¿Qué puedes hacer para evitar la parálisis del análisis?

1. SABER CUÁNDO CALLAR A LAS VOCES ACADÉMICAS

Muchos de los libros de guión, seminarios y clases son buenos hablando de la teoría del cine. Cuando coges, por ejemplo, un libro como ‘¡Salva al gato!’, o cualquier otro libro de guión que presenta una fórmula, sólo tienes que adaptar dicha regla a cualquier historia, bien o mal, y encajarla en la estructura. Es verdad que muchos éxitos de taquilla o películas que han ganado el Oscar han seguido dicha fórmula a rajatabla. Pero también es cierto que grandes fracasos y largometrajes que pasaron sin pena ni gloria también se sujetaron a ella.

¿Esto quiere decir que los manuales de guión como el mencionado ‘¡Salva al gato!’ o ‘El guión’, de Robert Mackee, son inútiles? De ningún modo. Es sólo que tú, guionista, debes saber que en este mundo no hay nada absoluto o categórico. No existe la fórmula mágica para escribir un guión que triunfe en taquilla. Para cada película gloriosa que lo atestigüe, hay docenas que siguieron el mismo esquema, que, sin embargo, no funcionó.

La información es importante. Hay libros y seminarios buenísimos. Son espectaculares para adquirir oficio y empezar a saber de qué va esto. Es importante que los leas. Pero en algunos momentos hay que dejarse llevar. Seguir la propia intuición. Los instintos. Lo visceral.

2. CONFÍA EN TU PROPIO INSTINTO

Las historias están en nuestro ADN como especie. El hombre las ha contado desde los inicios, desde que existe. Lo vemos en las cuevas con pinturas rupestres prehistóricas, como las de Altamira (Cantabria). Ya ahí se puede ver un planteamiento, un nudo y un desenlace.

Hemos recibido y contado historias a través de numerosas vías de comunicación: libros, obras de teatro, películas, televisión, radio, internet. Estamos rodeados de ellas todos los días. Sabemos lo que son los planteamientos, los nudos, los desenlaces, los ganchos, los giros, los conflictos, los giros, los arcos de personajes, los diálogos, el silencio, los clímax, las explosiones, la comedia, la tragedia, el miedo, etc.

Debes confiar en ti mismo porque, al final, eres tú delante del portátil con la pantalla en blanco. Alimenta tu cerebro, piensa, analiza. Pero, más allá de eso, confía en tus instintos.

3. ESTATE PREPARADO, PERO NO «DEMASIADO» PREPARADO

Hay algunos guionistas que piensan que a la hora de escribir debes tener todo pensado hasta el más mínimo detalle. Obviamente, debes saber el principio, el final y lo más importante de lo que pasa en medio. El guión es sólo una guía, como su propio nombre indica, y, hasta que llegue a convertirse en película, va a colaborar mucha gente en su creación.

Afortunadamente es así, porque, si no, serían los ordenadores los que escribieran los guiones y no los guionistas. Todavía nos necesitan. No podrán deshacerse de nosotros.

También es importante que eso que sabes que va a suceder en el guión es susceptible de cambiar a medida que estás escribiendo.

Cada guionista, está claro, tiene su proceso creativo y de escritura. No hay verdades absolutas, como te dije antes. Pero has de entender que lo que va a hacer diferente a tu guión son esos momentos de inspiración. Tienes que dejarles espacio. No todas las respuestas a las preguntas tienen que estar escritas en la escaleta.


Son tres consejos sencillos, pero fundamentales. No sólo te servirán en tu propio proceso creativo, sino que mejorarán el resultado final. Los lectores de las productoras son listos, seguramente también son guionistas, se conocen todos los manuales de guión. Y saben diferenciar cuáles están sobreanalizados y son excesivamente académicos. Puedo haber un guión que siga meticulosamente las reglas y esté falto del alma. Sin sustancia. Sin personalidad. Lo que provoca el clic que les hace apostar por un guión no tiene que ver con la analítica, sino con la pasión. Saben verla y reconocerla. La aman. Así que escapa a la parálisis del análisis, por favor.