Cómo superar el rechazo a tus guiones

Historia 1: Vas a una productora a presentar tres proyectos. Un directivo se muestra entusiasmado con uno de ellos, hasta el punto de que te llama de nuevo para reunirte con él y cerrar los flecos del que será un acuerdo para mover el proyecto entre los diferentes canales de televisión. A ello abre otra vía, la financiación de marcas. Estás contento, porque llevas más de un año moviendo el proyecto y por fin parece que empieza a dar sus frutos. El productor te manda un contrato y, tras unos ligeros cambios que te propone, parece que os ponéis de acuerdo, aunque, bueno, es verdad que accedes un poco a unas cláusulas que no te convencen. Te dice que te hará llegar el contrato para que lo firmes y poneros a trabajar. Pero pasan los días y el contrato no llega. Le escribes un email y no recibes respuesta. Le mandas un Whatsapp. Ves que lo ha leído, pero no te responde. Decides llamarle, pero no contesta a tus llamadas. Desaparece.

Historia 2: Te llaman para formar parte del equipo de guionistas de un programa, pero te estás yendo de vacaciones. Estarás de vuelta en una semana. Te dicen que cuando estés de vuelta te llamarán para ver si te interesa incorporarte. Vuelves de vacaciones y llega el día, pero no te llaman. Pasa un día. Otro. Otro. Decides llamar tú. Te dice que tienen que hacerte una prueba, que tienes dos días para hacerla. Decides abandonarlo todo sólo para que no pase esta oportunidad. Envías la prueba. Una hora después un colega te llama, te dice que se ha enterado de que ha estado a punto de trabajar contigo, que ya está cerrado el equipo. Dos horas después te dicen que acaban de recibir la prueba, que ya te dirán algo. Nunca te contestan.

Historia 3: Envías un guión de cine a una productora. Te responden que no es la película que están buscando, pero que el guión está bien escrito, así que han decidido encargarte un proyecto. Te pones muy contento. Firmas un contrato que ni por asomo cumple con lo mínimo exigido. Te pagan una pequeña parte a la entrega del guión y la mayor parte al inicio de la pre-producción de la película. Aceptas porque te ilusiona que se haga tu peli. Entregas el guión con los cambios que te piden y tardan meses en pagarte esa pequeña parte que te iban a pagar a la entrega del guión. Pero el inicio de la pre-producción nunca se llega a producir. Eso sí, el productor no responde a tus llamadas, no contesta los emails. Desaparece.

Estas tres historias me han pasado a mí a lo largo de mi carrera, pero cualquier guionista español te puede contar anécdotas parecidas. Conclusión 1: un guionista tiene que estar acostumbrado al rechazo.  Conclusión 2: Cuando no eres rechazado a la primera y todo parece que va por buen camino y se va a concretar, también te pueden rechazar. Conclusión 3: en esta profesión nadie se atreve a decir no, simplemente prefieren dejar de llamar, no contestar al teléfono, no responder a los emails, desaparecer.

Es así y hay que lidiar con ello, por mucho que muchos no lo entendamos.

La clave está en la tan tópica frase de que no importan las veces que te caigas, sino las veces que seas capaz de levantarte.

El ser humano está acostumbrado al rechazo, en el colegio, en la edad adolescente, con los ligues, en el trabajo, pero si lo que quieres es ser guionista, tienes que estar hecho de otra pasta para ir superando decepción tras decepción. No te puedes venir abajo. Hay que luchar todo el rato. Cada hora. Cada minuto. Cada segundo. Es un no parar.

¿Por qué cuando rechazan nuestros proyectos nos sienta tan mal?

Ignoran tu guión en un premio o en una productora. No te llaman para ser guionista de esa serie de la que hiciste una prueba. Llevas dos años sin que te reclamen para trabajar en ninguna serie o programa de televisión. No consigues un representante. Hay muchas formas en la que te puedes sentir rechazado en esta profesión.

Y entonces lo piensas: «he sido rechazado».

Es literalmente como una patada en los huevos. Te sientes apartado de tu sueño, el de que tus trabajos lleguen a emitirse en la pequeña o en la gran pantalla. El de que te contraten o te hagan un encargo.

Sin duda, te sientes una víctima. Atacado en tu ego. Éste es un trabajo donde hay que tener mucho cuidado con los egos y, por supuesto, no son matemáticas. La subjetividad entra totalmente en liza.

Porque te atacan tu ego es por lo que te sientes tan dolido cuando te rechazan. Porque están poniendo en duda tu valía. Porque te planteas si realmente vales para esto. No importa las veces que seas rechazado. Siempre duele. Siempre jode. Todas las veces. Y esto es porque todas las veces te ilusionas. Y así debe seguir siendo, porque si no te ilusionas, no sigues y no harás bien el trabajo.

Sientes como si te clavaran una jabalina en el centro de tu corazón.

El lado fisiológico del rechazo

Cuando te dan la contestación y ésta es negativa o cuando entiendes que si ni te contestan las llamadas ni te responden los emails la respuesta es no, te sientes débil y desvalido. Desorientado. Sin saber cómo seguir ni hacia dónde tirar. Estás paralizado física y mentalmente. Sientes que tu ánimo ha caído en picado. La respuesta al rechazo está directamente asociada al sistema nervioso.

Muchas veces te anticipas al rechazo. Y esto es por las características de nuestro trabajo, en el que a veces estamos semanas o meses esperando una contestación.

La buena noticia es que si eres rechazado no significa necesariamente que seas malo ni que tu guión no tenga calidad. Y eso es porque ésta es una profesión subjetiva. Recuerda que ninguna cadena quiso la serie española ‘Cuéntame’ durante años hasta que por fin TVE se lanzó a producirla. Lleva 16 años en antena. Algo parecido sucedió con Star Wars. Su concepto fue rechazado por numerosos estudios antes de que decidieran apostar por él.

El miedo al rechazo es inherente al guionista

No sólo los guionistas, cualquier ser humano tiene pánico al rechazo. Buscamos aceptación social y aprobación por la historia antropológica de nuestros antepasados. Si alguien era rechazado por la tribu, era más que probable que no sobreviviera. Sin comida. Ni refugio. Sin protección. Siendo guionista, viviendo la jungla, nuestro instinto de supervivencia se dispara y no es algo bonito de experimentar.

Cuando rechazan tus obras, tu trabajo, es algo parecido a cuando tienes una ruptura con tu amado o amada. El guionista quiere cumplir su sueño de poder vivir de sus obras, de que se emitan por televisión o se estrenen en el cine, de que la gente los vea, de tener éxito. Cuando te rechazan, te rompen el corazón. Entonces es cuando decides abandonar la idea de tomar riesgos.

Esto te puede llevar al cinismo, a la rabia, al resentimiento. Y, después a la depresión. Pero no te preocupes, esto le pasa a todos los guionistas. O a casi todos.

Las fases del rechazo en el guionista

Son cinco: negación, rabia, quejas, depresión y aceptación. Y si, si tienes madera de guionista, al final aceptarás el rechazo y seguirás para adelante. Pensarás que sólo era la opinión de una persona y que hay que seguir intentándolo. O que quizás si le hagas unos retoques a tu obra, podrás lograrlo. O que no le estás enviando el guión a la persona apropiada. O que tienes que empezar con otro guión. O, directamente, que te levantarás más fuerte que antes de caerte.

Es imposible evitar el rechazo si eres guionista. Y no podrás evitar que te duela. Ninguna palabra de apoyo te ayudará a sentirte mejor. Pero no estás solo. Esto pasa a todas horas en esta profesión. Trata de aprender de las derrotas para poder conseguir la siguiente victoria. Úsalo como la gasolina para tirar para adelante y seguir luchando, porque ésta es una eterna lucha.