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Productoras de cine y tv que no aceptan creatividad ajena

Existen algunas productoras, tanto televisivas como cinematográficas, que tienen por norma no aceptar ningún proyecto que venga del exterior: ni sinopsis, ni guiones, ni biblias ni formatos desarrollados ni escuetas fichas con ideas. Una norma que la expresan claramente, bien en sus webs, o por teléfono cuando llamas para ofrecerles un proyecto o mediante contestación por email.

Esta actitud refractaria y taxativa ante cualquier creatividad exterior se debe a varias razones que podemos resumir en tres apartados principales.

Es una pena que algunas productoras de cine y tv se cierren al talento ajeno.

Horas y horas trabajando para luego no poder mostrar tu creatividad. (Foto: Voces para la conciencia y el desarrollo, de Flickr)

POSTURAS DE RECHAZO A LA CREATIVIDAD DE OTROS

1.- Existen productores que son o se creen autosuficientes. Bien en base a sus criterios, o bien debido a sus producciones de éxito. Si lo que crean dentro de sus empresas se lo compran las cadenas o las distribuidoras cinematográficas, y además recibe el beneplácito del público, deducen que son muy buenos como creativos y que seguirán teniendo éxito produciendo sólo sus ideas. ¿Para qué molestarse en leer las de los demás, sobre todo si proceden de alguien que no tiene ningún currículum?

Esta postura, a primera vista, parece cargada de lógica, de toda la lógica del mundo empresarial. Y generalmente coinciden con aquellas productoras que han encontrado un patrón creativo que repiten una y otra vez en sus obras. El ejemplo más conocido es la “fórmula globomedia”.  Prácticamente todas sus series se componen de un bar, una o dos parejas de abuelos, un cogollo de adultos, los típicos adolescentes y los inevitables niños. Sea una serie costumbrista, de terror, de misterio o social, los pilares mencionados, mutatis mutandis, se repiten inexorablemente.

El problema de estas productoras es que, generalmente, tardan en darse cuenta de que su patrón se ha quedado obsoleto. Antes le achacan el fracaso a los programadores de la cadena, o a la “fuerte” competencia, que a su incapacidad para leer los veleidosos gustos de la audiencia.

2.- No quieren repartir con nadie el apartado del presupuesto dedicado a creatividad y derechos de autor. El clásico, “Yo me lo guiso, yo me lo como”. Esto puede deberse a un tic egolátrico, o bien a que con la crisis hay poco pastel a repartir, y “tó pa mí”.

Ante esta postura, poco se puede añadir. Si alguien lucha mucho por colocar un programa o una película de bajo presupuesto, lo lógico es que tienda a rentabilizar lo más posible el tiempo y los numerosos esfuerzos empleados.

3.Existen productores con auténticas paranoias a que les acusen de plagio. Y la mejor manera de quitarse este problema de la cabeza consiste en no recibir material ajeno. Así, nadie podrá decir que un programa o película de su productora ha plagiado, copiado o se ha inspirado en un material que un creativo envió un día a su empresa..

Ciertamente, se han dado casos de acusaciones de plagios a productoras. Unas veces con razón y otras sin ella. Y tal como están las redes sociales, ávidas de llevarse cualquier escándalo a los ojos, que un “viral” empiece a correr acusando a alguien de plagio, copia o “inspiración”, no es nada agradable.  Entre otras razones porque intentar pararlo es imposible, y meterse en juicios no es nada recomendable ya que, aún ganando, el mal ya está hecho.

Esta tercera postura, heredada en gran parte de los americanos, pertenece a una cultura judicial muy arraigada en EEUU. En el mundo yanqui, tener un abogado es tan habitual como aquí tener un cuñado “manitas”;  aunque en nuestros lares, con “legálitas” y cía vamos camino de lo mismo. Y en consecuencia, si estás pagando a un abogado, lo lógico es que lo uses. Las majors norteamericanas conocen muy bien el poder y la ambición de numerosos bufetes de abogados que saben el mucho dinero que mueve la industria el cine en Estados Unidos. Y en cuanto alguien pone en sus manos una acusación de plagio, huelen enseguida el miedo de las citadas majors y su tendencia a pactar para frenar el escándalo.

Desmontar judicialmente una acusación de plagio falsa es muy fácil, salvo que te topes con un juez indocumentado, pero erradicar de la opinión pública dicha acusación, es prácticamente imposible. Y a esto último hay productores y ejecutivos que le tienen mucho miedo.

QUÉ HACER ANTE ESTAS POSTURAS

Es muy difícil, por no decir imposible, intentar “colocarles” un proyecto a estas productoras de cine y tv. Los creativos se topan con férreos muros de grandes egos, reales o imaginados, con la escasez de presupuesto a la hora de repartir o con el irrefrenable pavor a una potencial acusación de plagio.

La única posibilidad,  bastante remota por cierto, de llegar a estas productoras es a través de algún contacto personal. El típico amigo, cuñado o primo de algún directivo que trabaja en ellas.

Mejor no perder el tiempo en ello y emplearlo en contactar con otras empresas audiovisuales intentando conseguir una entrevista personal, ya que el envío de obras por email tiene un recorrido corto.

Pero tras este baño de realismo, pensamos que un creativo debe estar mentalizado para sobreponerse a cualquier condicionante negativo.  Si cree en su obra, y sobre todo si cree en sí mismo, tiene que afrontar todas las dificultades empleando su imaginación  en buscar cauces para que sus obras se lean en los centros decisorios del poder televisivo y cinematográfico.

FINAL

Queremos terminar con un consejo, espero nos perdonen el atrevimiento, a los productores que sólo creen en sus creaciones. Se trata de una cita de H.W. Logan: “Puedes cerrar todas las puertas, todas las ventanas y todas las chimeneas. Pero si no dejas un resquicio para que entre el aire, antes o después, te asfixiarás” .

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