Pomodoro para guionistas

Suena el despertador. Te levantas. Vas al baño. Haces pis. Te lavas la cara. Desayunas. Enciendes el ordenador. Te pones a escribir directamente tu guión.

¿Qué falla en esta relación de acontecimientos?

Exacto, que casi nunca te pones a escribir directamente tu guión.

¿Por qué no?

Porque miras el correo, las redes sociales, algo de las noticias, el whatsapp. Y lo peor es que estas “miradas” se repiten constantemente mientras deberías estar escribiendo.

Conclusión: falta de concentración, pérdida del foco.

Escribir un guión necesita un tiempo de concentración y tú no se lo estás dedicando.

Si cada dos, tres o cinco minutos miras el móvil no te estás concentrando y, en consecuencia, tu guión no será bueno si es que consigues escribirlo.

¿Qué debes hacer?

Está claro… organizarte.

¿Cómo?

Por ejemplo, marcándote objetivos. Hoy vas a escribir un determinado número de secuencias. Y tienes que escribirlas sí o sí.

Por ejemplo, distinguiendo lo prioritario de lo urgente. Hay cosas que son urgentes, pero que no son importantes. Piensa sobre ello y reflexiona.

Por ejemplo, haciéndote una lista de tareas, tareas que deberás ir tachando conforme las vayas realizando.

Pero piensa y asigna a cada una de esas tareas un momento concreto de tu agenda.

Y, atención, hagas lo que hagas debes seguir esa agenda que te has marcado. No aplaces tareas ni las dejes para el último momento.

Pero, claro, de nada sirve si te pones a hacer esas tareas y, por el camino, contestas a un whatsapp, actualizas tu estado de Factbook, te entretienes con unos memes o te levantas varias veces a la nevera a ver que te puedes zampar.

¿Cómo sobrevivir a las innumerables llamadas de atención que tenemos a nuestro alrededor? ¿Cómo no desconcentrarse?

Te propongo un método muy popular: la técnica Pomodoro.

Seguramente ya hayas oído hablar de ella.

¿Qué es la técnica Pomodoro?

Solo necesitas un temporizador para trabajar una tarea hasta que el periodo de tiempo que te has marcado para hacerla finaliza.

Puedes usar el temporizador de tu móvil, pero también hay aplicaciones que te ayudan a utilizar esta técnica, como Tomato Timer.

¿En qué consiste?

Es muy sencillo. Tienes que fraccionar tu tiempo en bloques de 25 minutos. Ni más ni menos. A cada uno de esos periodos le llamarás Pomodoro. Cuando terminé el tiempo, la alarma del temporizador sonará.

Y entonces habrá llegado el momento de tomarte un pequeño descanso de cinco minutos en los que, entonces sí, podrás mirar Internet, darte un paseo, tomarte un café o fumarte un cigarro. Bueno, mejor no fumes, que es malo.

Cuando hayas superado cuatro pomodoros, o sea, tras cuatro espacios de 25 minutos con sus correspondientes descansos, te podrás tomar uno un poco más largo: 10 minutos. Tiempo que también has de cronometrar.

Es decir, la estructura de tu tiempo productivo sería la siguiente:

25 minutos de trabajo

5 minutos de descanso

25 minutos de trabajo

5 minutos de descanso

25 minutos de trabajo

5 minutos de descanso

25 minutos de trabajo

10 minutos de descanso

Y así una y otra vez hasta que se acabe el tiempo que tienes planificado para trabajar.

¿Seguro que funciona?

Pruébalo y verás. Consigue que estés 25 minutos enfocado en una sola tarea. Ya sea tu guión, la sinopsis, el tratamiento o la escrituras de emails a productores para conseguir una reunión. Trabajarás en ella intensamente durante 25 minuto y no en otra cosa.

Saber que la alarma va a sonar te disuade de las distracciones. Es como un policía.

Por otro lado, como descansas cada 25 minutos, desconectas el tiempo necesario para volver a concentrarte.

Con ella, organizarás mejor tu tiempo. Habrá tareas que duren un pomodoro (contestar emails, haces búsquedas en Google) y otras que duren cinco (escribir un determinado número de secuencias).

Pruébala y verás cómo estás más motivado, limitas las distracciones y vas notando avances.

Además, te ayudará a saber medir el tiempo que te lleva cada trabajo y, de esta manera, te planificarás mejor.

Consejos para guionistas con Pomodoro

Créate una lista de cosas por hacer. En ella debes anotar desde la escritura del guión propiamente dicha, hasta la documentación, preparación de dossieres y documentos imprescindibles, búsqueda de contactos y productores, correo electrónico, búsqueda de convocatorias, actualizaciones de tu blog, tareas relacionadas con tu propio marketing como guionista etc.

Debes distribuir estas tareas en tu agenda y tus pomodoros.

– Hazte un plan de tareas de la semana, asignando horario a cada una de ellas. Es decir, por ejemplo, de diez de la mañana a dos de la tarde, escribir y dialogar y, por las tardes, el resto: contestar emails, contactos, documentación, etc. Pero ese plan lo decides tú, no yo.

Así sabrás lo que debes terminar cada día.

Agrupa tareas relacionadas. Por ejemplo, puedes dedicar unos días a hacer contactos escribiendo y/o llamando a productores para concertar citas, o preparando todo lo necesario para la convocatoria a la que quieres presentar tu proyecto. O necesitas dedicar varios pomodoros a preparar cosas relacionadas con tu blog. Consejos: agrúpalas todas en una sola jornada de trabajo.

Eso sí, tienes que tener en cuenta que escribir es lo principal… y que debería formar parte de tu jornada casi todos los días.

– Todo esto implica algo de organización previa. Así que te recomiendo que dediques el lunes por la mañana o, mejor, si puedes, el fin de semana, para preparar la agenda de la semana y la asignación de pomodoros a cada tarea.

Evita interrupciones. La clave, ya te lo he dicho, es centrarse en una única tarea. La multitarea es ineficaz porque divide tu atención. Solo cuando has terminado una tarea, debes empezar la siguiente.

Stay focus, como dirían los angloparlantes.

Aprovecha los descansos. Si al pasar los 25 minutos, suena el temporizador y estás tan metido que quieres seguir escribiendo, no lo hagas. Los descansos son muy importantes. Te arriesgas a que el cansancio haga irrupción e interrumpas tu trabajo cuando no debas hacerlo. E, igualmente, no te debes exceder de los cinco minutos estipulados para tu relajación.

Cíñete a lo programado, no trabajes más ni inicies las tareas del día siguiente, por muy fructífero que haya sido tu día. Si es así, hasta te puedes dar una recompensa: relájate, ya sea haciendo ejercicio, el amor o viendo una película, que también nos viene en nuestro trabajo.