mil y una versiones de los guiones

Las mil y una versiones de los guiones

Por LUIS MURILLO MORENO

Queridos colegas, sufridos guionistas, martirizados juntasecuencias…

FIRMADO, PÉREZ

Hace muchos, muchos años, cuando yo era pequeñín, Televisión Española, la única en aquellos tiempos, emitió una telecomedia escrita por Alfonso Paso, un autor teatral hoy casi olvidado, pero el rey de los escenarios en aquellos tiempos. La telecomedia se titulaba Firmado, Pérez y uno de sus episodios contaba la siguiente historia…

Un guionista es contratado por un productor para escribir el guión de una película. Dos meses después, le presenta el guión. El productor lo lee y, entusiasmado, lo abraza y lo felicita. Enciende un gran puro para celebrarlo. El guión tiene interés, es muy ameno, muy visual, posee una gran fuerza dramática… En fin, es una maravilla, está perfecto, la película será un éxito seguro.

Sólo hay que hacerle unos retoques, unos pequeños cambios, unos leves ajustes… y a rodar.

mil y una versiones de los guiones

Una semana después, el guionista se presenta con la segunda versión. El señor del puro la lee y nuevo abrazo al creativo. Ha quedado de maravilla. Antes era un buen guión y ahora es un gran guión.

Pero si el protagonista, al final, en vez de casarse con Paula se casara con su hermana, el público lloraría de emoción…

Dos semanas más tarde, tercera versión del guión, tercer abrazo, tercer puro del señor productor. ¡Un guión excelso!

Pero si…

Tres semanas después, cuarta versión. ¡Una obra maestra!

Pero si…

Cuatro semanas después, quinta versión. ¡Un guiónazo!

Y así, hasta nueve versiones. Finalmente, el productor le pide que le dé una vuelta completa a las 120 páginas. El guionista le lleva la primera versión que le presentó y ésta es la que se rueda.

UNA HISTORIA REAL

Esta historia es ficción pero el que está sentado frente al ordenador juntando letras y palabras ha vivido, como supongo que la mayoría de los guionistas, experiencias muy similares. Por ejemplo…

Un productor me encargó el guión de una comedia romántica con una determinada actriz de treinta y tres años como protagonista, su santa esposa. Le presenté una breve sinopsis sobre una joven que se metía a prostituta para pagarse una operación con el fin de poder ser madre. Preciosa historia, fue su comentario, ponte con el guión ya. Un mes después tenía el guión, lo leyó y no me dio un abrazo, como en la telecomedia de Alfonso Paso, pero casi.

Sólo había que hacerle un pequeño retoque, un leve cambio, una nimia alteración, una insignificante corrección…

La protagonista no iba a ser ya la actriz de treinta y tres años, sino una de dieciocho. El productor, durante el mes que yo había estado escribiendo el guión, había abandonado a su santa esposa y ahora tenía una jovencita como compañera sentimental… “Compañera sentimental” en aquellos tiempos se decía con otra expresión, pero seamos cinematográficamente correctos…

Quince días después, segunda versión…

La protagonista ahora era una joven de dieciocho años de la que se enamoraba un apuesto señor de cincuenta años…, personaje que iba a interpretar un actor, socio del productor.

Maravilloso guión, pero…

Sólo había que hacerle un pequeño retoque, un leve cambio, una nimia alteración, una insignificante corrección…

El productor y su socio, mientras yo aporreaba las teclas de mi maravillosa “Olympia”, habían “tarifado”, es decir, se habían tirado las acciones de la productora a la cabeza. En consecuencia, de “prota de la peli ná de ná”

Tercera versión… La joven de dieciocho años, tras varios fracasos sentimentales, se mete a monja. Pero un apuesto joven, que había sido seminarista, la convence de que no tiene vocación religiosa y consigue sacarla del convento.

Cuarta versión… Quinta…

La película, lógicamente, terminó no haciéndose. Yo cobré sólo la mitad de lo estipulado. Y el productor terminó volviendo con su mujer, que luego lo abandonó por un jovencito. Lógico.

EN FIN…

Queridos colegas, sufridos guionistas, martirizados juntasecuencias…

Y a pesar de todo, cada día seguimos dándole vueltas en la cabeza a esa idea original, a ese potente guión, a esos diálogos inteligentes, a ese bombazo en taquilla…

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