La teoría del iceberg de Hemingway y cómo aplicarla en tu guión

¿Te suena Ernest Hemingway?

Si no te suena, ya deberías estar leyendo ‘El viejo y el mar’, ‘Por quién doblan las campanas’ y ‘Adiós a las amas’.

Ernest es el talentoso escritor norteamericano que se afincó en España, aficionado a las juergas flamencas y a los toros, al folclore y a los sanfermines.

En su obra ‘París era una fiesta, hablaba de un cuento que escribió, ‘Out of season’, en el que omitió el verdadero final, que era que el viejo protagonista se ahorcaba. Su teoría era que se podía omitir cualquier parte del relato a condición de saber muy bien lo que uno omite, y de que la parte omitida comunica con más fuerza el relato, dando así la sensación de que hay más de lo que se ha dicho.

Para el escritor estadounidense, un texto literario incluye solo una novena parte de la historia narrada, mientras las ocho restantes no aparecen explícitamente relatadas. Es decir, como un iceberg, del que por encima de la superficie del agua se ve solo una pequeña parte, mientras que sumergida bajo el agua está el resto. Pero el escritor debe conocer toda la parte sumergida.

En definitiva, la teoría del Iceberg es la teoría del subtexto, la teoría de que los textos tiene una profundidad muy grande y, por supuesto, no solo es una teoría que se puede aplicar al guión, sino que si la aplicas, tus guiones e historias alcanzarán mayor profundidad y ganarán en calidad.

Esta teoría implica tener una confianza absoluta en el espectador, que sabrá leer entre líneas, ir más allá de lo puramente literal y percibir la profundidad de la historia.

En definitiva, hay que aplicar al guión la famosa regla de ‘Menos es más’, algo que vale la pena tatuarse para no olvidar nunca.

Y ahora dirás: «vale, ¿pero eso cómo se hace?

Pues teniéndolo presente durante todo el proceso de escritura, para no contar más allá de ciertos límites.

Durante el trabajo de preparación

Cuando estés armando la estructura de tu guión, el mapa de tramas de tu serie o la escaleta, debes ceñirte a lo importante. Tras hacer la construcción de personajes, valora qué quieres contar de ellos y qué no, piensa en el contexto, qué se debe contar y qué se debe sobrentender o sugerir. Qué hace falta para la acción se desarrolle y para que el lector comprenda lo que sucede.

No te preocupes demasiado por el antes y el después, a veces incluso no importa el dónde en esta fase.

¿Y qué es lo importante?

Los hechos que acontecen, su orden, la relación causa-efecto entre ellos y las motivaciones y objetivos de los personajes principales.

Hay tres fases de la preescritura en la que corres el peligro de perderte en detalles superfluos: la creación del personaje, en la fase de documentación y en la construcción del universo, sobre todo si éste es un universo fantástico o irreal.

Vale, es verdad que debes conocer tus personajes mejor que nadie, pero luego has de ser capaz de controlarlos. Y, para cualquier duda, has de volver a la definición de tu personaje. Pero no te pases con el desarrollo, solo apunta aquellos aspectos de tu personaje que sean relevantes para tu historia. Recuerda que es más importante, la parte psicológica que la física.

Ten en cuenta que no debes meter todo lo que encuentras en la fase de documentación en tu guión. Decide qué es lo mejor para tu historia y qué no, pero es imposible meterlo todo en 100 páginas de guión. Habrá cosas que te de pena no meter, pero has de aprender a desprenderte de lo innecesario, como diría Marie Kondo. No sobredimensiones tu historia.

Si no cuidas este aspecto la mayor parte de tu iceberg estará fuera del agua y será demasiado poco lo que esté por debajo de la línea de flotación, el subtexto de tu narración.

Y sí, durante la construcción del universo debes estar atento o atenta, debe abordarse después de la fase de trabajo previo. Cuando ya sabes cómo se desarrollará el argumento, sabes también qué contexto debes desarrollar para él.

Durante la fase de escritura

Aquí es donde más tienes que estar atento al Iceberg, primar lo escueto y, sobre todo, lo sugerente por encima de lo literal.

Si puedes usar una frase, no uses dos. Si puedes expresarlo con una palabra, no uses más.

No se trata de acumular palabras en los diálogos, sino de reflexionar hasta dar con la palabra exacta. La que tiene que ser y no otra.

Durante la fase de revisión

Si Hemingway dijo que eliminaba la mitad de lo que escribía, si a veces es una revisión de  guión se llegan a tirar tramas completas, por qué no vas hacer tú lo mismo.

¿Recuerdas cuándo te dije, citando también a Hemingway, lo de «escribir borracho y editar sobrio»?

Más consejos que puedes aplicar: «escribir es reescribir» y «cortar, cortar, cortar».

En la revisión llega el momento de eliminar todo lo superfluo, aquello que no hace falta. Borrar duele, pero es la manera de limpiar la herida.

A veces sobran tramas secundarias, personajes, diálogos demasiado explicativos o literarios. A veces hay que eliminar directamente y otras decir lo mismo con menos palabras. Es decir, resumir o sintetizar.

El primer acto es que debe ser rebajado con más entusiasmo para llegar cuanto antes al incidente incitador, al detonante.

Tendemos a dar demasiadas explicaciones a sobresituar al espectador en la historia. Pero, en realidad, el espectador lo que quiere es que la historia empiece cuanto antes. Que le des el mínimo necesario para entenderla.

Más consejos: «reduce el ruido y los balbuceos».

Otras veces ocurre que el guionista se extiende demasiado el primer acto de la primera versión porque es su manera de calentar motores, de entrar en materia y se extiende demasiado.

En una segunda revisión puedes eliminar diálogos superfluos para que el mensaje gane en claridad.

Ten en cuenta que omitir alguna parte, si sabes lo que omites y por qué, va a reforzar el sentido de la historia.

Y ten confianza en el espectador. Está acostumbrado a consumir historias. Es inteligente y sabe leer entre líneas más de lo que te imaginas.

Aunque, por otro lado, también te digo una cosa. No, no se lo tienes que dar todo mascadito, pero sí lo suficiente para que lo entienda. Lo peor que puede pasar es que te pases de críptico y nadie comprenda la historia. Siempre tienes que navegar en una delgada línea que la experiencia y tu instinto te ayudará a delimitar.

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