El espíritu del personaje debe marcar la evolución

Nunca traiciones el espíritu de tu personaje

LO QUE DICE, HACE, PIENSA Y EJECUTA un personaje debe estar en consonancia con su personalidad preconcebida y manifestada.

Es decir, un personaje comunista de izquierdas, por ejemplo, nunca iría a una manifestación en contra del aborto.

Vale, sí, todos sabemos que la vida real está llena de contradicciones y que algunas personas viven en la paradoja constante con más vaivenes que las maracas de Machín, pero nosotros tenemos que dejarle claro al espectador de qué va nuestro personaje. Y para ello tenemos que ser coherentes respetando su espíritu.

¿Qué los personajes cambian? Cierto, siempre y cuando exista una evolución explicada. Para ir de una posición a la extrema hacen falta muchos capítulos o un metraje muy largo, y es necesario justificar cada uno de los cambios porque si no el espectador se quedará con cara de… ¿Pero qué pasa?

El espíritu del personaje debe marcar la evolución

A medida que avanza, el personaje va marcando su evolución.

Por ejemplo, se puede crear un Jiménez Losantos que empiece como izquierdista radical y acabe lanzando improperios contra todos a la derecha de Fuerza Nueva. O se puede hacer un Jorge Verstringe, que ha pasado de ser falangista a posiciones cercanas a PODEMOS o IU. Pero, insisto, cada cambio debe estar justificado por alguna circunstancia en su existencia.

La máxima es:

RESPETAR A LOS PERSONAJES, tanto en su esencia como en sus cambios.

Puede que lo que le pase a nuestro personaje basado en Jorge Verstringe es que se echó una novia oenegera que le invitó a visitar un pueblo ultrapobre en Honduras. Y en esta visita, se diera cuenta de que la riqueza debía ser repartida entre todos y de que si existiera Dios no permitiría un lugar así en el mundo. Esta transformación ideológica se basa en las experiencias que vive junto a esa gente que le enseña a compartir los bienes, el valor de las asambleas ciudadanas y las decisiones colectivas.

Entonces, después de varios meses en Honduras y de darse cuenta de que los políticos de derechas no le representan porque piensan en los beneficios de los empresarios y no en los problemas de los trabajadores, sólo entonces empieza a valorar la idea de cambiarse de ideología.

O, en el caso del personaje basado en Jiménez Losantos, lo que le ocurre es que se afilió a un sindicato. Luchó por los derechos de los trabajadores como el que más, aportó horas de trabajo para la lucha e incluso puso su dinero particular al servicio de la comunidad. Pero un día descubrió que los líderes del sindicato se quedaban con el dinero de los afiliados y se los gastaban en locales de alterne. Al echárselo en cara, éstos le invitaron a unirse al club. Pero nuestro Losantos se negó, se retiró a meditar a un convento y llegó a la conclusión de que la vida no puede girar en colectivo porque siempre hay alguien que piensa en individual en su propio beneficio…  Y así, poco a poco, fue dando su giro…

Toda evolución lleva un proceso más o menos largo y el creativo lo tiene que medir, elaborar y razonar.

Nuestra propia evolución como guionistas

Del mismo modo que hay cosas que nuestro personaje no haría porque no está dentro de su idiosincrasia, nosotros como guionistas, tanto en nuestras manifestaciones públicas como a través de nuestros guiones, debemos respetar nuestro personaje, nuestro estilo y nuestra elección vital. Eso es lo que construirá nuestra marca personal.

Por ejemplo, si repudiamos que se hagan series que quieran agrupar a todos los públicos poniendo niños, adolescentes y abuelos sin ton ni son y luego creamos nosotros una serie de ese estilo estamos traicionando nuestro personaje. Sí, es verdad que podemos tener una evolución, pero siempre justificada y, por otro lado, también es verdad que tenemos que comer. Eso no impide que podamos luchar por lo que verdaderamente creemos.

Y la regla de la coherencia personal y profesional no sólo es válida para guionistas o creadores, sino también para todo tipo de personas públicas, como por ejemplo, los periodistas.

Lo que está claro es que nuestra marca, nuestro estilo, es el que nos va a hacer evolucionar como guionistas. Y se puede evolucionar sin traicionarte a ti mismo.

En resumen, RESPETA A TUS PERSONAJES. RESPÉTATE A TI MISMO. Tu marca personal te lo agradecerá.