El guionista ha de estar siempre ojo avizor

Por LUIS MURILLO ARIAS 

Mi hija de cuatro años está trabajando en el colegio la Selva Amazónica y el otro día me preguntó qué países había en Sudamérica. Se los fui enumerando uno por uno para que se los fuera aprendiendo y ella estaba entusiasmada. Después le comenté que en la mayoría de esos países de allí tan lejos hablaban español, como nosotros y que había uno, Brasil, en el que hablaban portugués. Ella se quedó muy seria mirándome y me preguntó: “¿Y eso por qué? ¿Es que algunos portugueses se fueron a vivir allí?”.

Me quedé alucinado por su razonamiento, ya que provenía de una niña de sólo cuatro años. Después, me preguntó qué países había en América del centro y comencé a enumerárselos, hasta que, cuando nombré Panamá, ella preguntó: “¿Eso es donde los papeles de Panamá?”.

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Mi hija es muy lista, qué voy a decir yo si soy su padre, tiene una extraordinaria curiosidad, pero también está muy trabajada. No hemos dejado nunca de hacer nada por tener una niña pequeña. O, mejor dicho y para ser exactos, casi nada.

Hay padres que una vez que tienen hijos ya no salen a comer o cenar a restaurantes. No viajan más allá de ir al pueblo con los abuelos para que éstos se ocupen de los niños. No van a ningún otro sitio con ellos que no sea a un parque de bolas. Y cuando es la hora de comer les ponen Peppa Pig y La Patrulla Canina en la tableta para que queden totalmente absortos y no molesten.

Mi hija también ve Peppa Pig y se sabe todos los dibujos animados de pe a pa, pero, mientras comemos o desayunamos, vemos los informativos, intentando omitir aquellas noticias sobre actos violentos, solemos ir a actividades culturales organizadas para los más pequeños y cuando tenía sólo dos años ya había visitado tres continentes. Y esta parte, la de viajar, es la más enriquecedora, porque gracias a ella, conoce cómo se vive, qué idioma hablan, qué se come y cómo son las personas de otras partes de España u otros países.

En la última tutoría su profesoranos dijo que nuestra hija estaba muy trabajada en casa, que se notaba que había visto mundo y vivido cosas con sólo cuatro años. Y esas cosas se notan.

Te preguntarás por qué te estoy dando esta chapa sobre mi hija y esta lección sobre cómo ser padre. Nada más lejos de mi intención. Lo hago solamente porque esta realidad de los niños pequeños es extrapolable a todas las personas, aunque sean adultas. Y muy especialmente a los guionistas.

Conozco buenos guionistas que se limitan a ver las películas, las series y los programas de TV que encajan con su forma de vida. Pero eso, aparte de escribir, es lo único que hacen. Y eso limita mucho su creatividad, hasta el punto que sólo pueden escribir un mismo tipo de historias. Algo que al final agota tanto al espectador como al propio guionista.

Sin embargo, conozco otros que sí, ven series, películas y programas de TV, no tantos como los anteriores, pero también ven otros para saber qué tipo de historias le puede gustar a gente diferente. Y, lo que es más importante, tienen vida fuera de ver series y de la escritura. Es decir, viajan, conocen personas de todo tipo, no sólo guionistas, viven de primera mano otras realidades, son los protagonistas de sus propias historias en vez de esta siempre pendientes de las de otros y su campo de acción en la escritura es mucho más amplio. Y muchos de éstos son excelentes guionistas. Esas cosas se notan.

A donde quiero llegar es que un guionista debe estar siempre ojo avizor, estar en contacto con la vida real, viajar, hacer trabajo de campo, escuchar las conversaciones en el metro o en el mercado, tener vida más allá de la pantalla del ordenador y de la smart tv de 56 pulgadas que se auto-regaló en la última Navidad.

Hay que ser curiosos por naturaleza, avispados para encontrar historias en la realidad que nos inspiren las de la ficción, tienes que estar alerta, como esa frase que están tan de moda para decirle a los políticos, has de estar cerca de la gente, a pie de calle. Aunque sólo sea por que no se nos ponga el culo gordo por estar sentados en nuestro despacho.

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