Cómo encontrar el tono y darle alma a tu guión

Cuando entré a trabajar en una serie por primera vez, era una ficción que empezaba, y se me quedó clavada una frase que me dijo mi jefe: “lo más difícil de todo es encontrar el tono apropiado para tu serie”.

Aquello se me ha venido a la cabeza muchas veces a lo largo de mi carrera porque, sin duda, es verdad. Una vez encontrado el tono, todo fluye de otra manera.

Encontrar el tono es uno de los aspectos que más pueden distinguir tu trabajo de los otros cientos de guionistas que están buscando un hueco o andan intentando vender un proyecto.

Cuando muchas historias han sido contadas ya, lo que puede dar originalidad a tu guión es la forma de contarlo. Y eso es el tono. Precisamente esto es lo que nos hace adorar muchas películas: la forma. No sólo son importantes la trama, el personaje o el tema. El mundo interior, el estilo, la atmósfera es lo que deja huella y nos invita a revisitar una película.

¿No debería ser el director el que le diera tono a la película? ¿No tienes tú como guionista solo que poner acción y diálogos en un papel? ¿Cómo puedes influir tú en el tono?

Pues no es una respuesta sencilla, porque no es fácil dar tono y atmósfera a un guión y, sobre todo, no es una ciencia exacta. Tienes que encontrar la manera de poner alma y sentimiento sin que el guión se convierta en un ejercicio literario de descripciones y estados de ánimo.

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CULTIVA TU PROSA Y ENCUENTRA TU ESTILO

Eso sí, sin olvidar que un guión no es una novela y si estás pensando en escribir como tal, te advierto que es un grave error. Pero eso no significa que no se pueda aprender de las novelas, de los escritores de prosa, para vender mejor tu historia.

Observa cómo algunos autores crean atmósfera en su escritura. Cómo describen un entorno, cómo generan suspense, cómo tratan el humor, cómo hacen atractivos los diálogos de los personajes, como, por ejemplo, el sólo hecho de elegir los nombres de los protagonistas genera alma en la historia a través del simbolismo.

Eso es lo que tienes que hacer tú: has de buscar tu propia manera de hacer especial ese guión más allá de lo que pase, a pesar de que el formato hace que no dispongas de tanto espacio para hacer alardes con tu escritura porque la longitud es limitada y porque debes adecuarte, en lo posible, al standard de 90-100 páginas de guión.

Has de trabajar la concisión, encontrar las pocas, pero breves palabras adecuadas. No sólo en los diálogos, también en la acción.

PIENSA EN GÉNERO

Y no, no estoy hablando de hombre o mujer, sino de género cinematográfico. Adaptarse primero a lo que demanda un determinado género es el primer paso para encontrar el tono adecuado. A partir de ahí, puedes empezar a buscar tu propia voz.

El film noir es existencial, lleno de sombras y luz claroscura. El terror genera miedo y tiene una atmósfera sobrenatural. Los dramas épicos son de gran envergadura y catárticos.

Examina las mejores películas de cada género. Piensa qué tienen en común todas. Los diálogos y la elección de los personajes pueden tener similitudes. Los diálogos del film noir suelen ser afilados y sus personajes se presentan como moralmente ambiguos, situados en sórdidas localizaciones urbanas. Las épicas pasan por múltiples lugares y décadas con discursos muy teatrales. Las de terror introducen un elemento sobrenatural en situaciones aparentemente normales.

Pero, recuerda, no sólo vale con escoger un género. Luego tienes que darle lo tuyo.

GENERAR ATMÓSFERA A TRAVÉS DEL DIÁLOGO

Es difícil explicar el diseño, la iluminación y la textura en un guión, y, además, no es recomendable hacerlo, pero tu arma para dar alma es, entre otras cosas, los diálogos.

Los de los hermanos Coen, por ejemplo, además de las situaciones, son, indiscutiblemente, una de las señas de identidad de su estilo, de su tono. Te llevan de un lado a otro con una brillantez acompasada.

El secreto está en que el diálogo sirva para comunicar algo más allá de la simple información.

EL ARTE DEL DETALLE

Cuando todas las casas del barrio son iguales, ¿cómo distingues unas de otras? Pues a través de los detalles: la puerta de entrada, el jardín que se ve desde fuera, el coche aparcado enfrente. Por supuesto, es una metáfora de trazo grueso, pero, en cierto modo, también sirve para los guiones. Su tu historia va de una venganza o es un policiaco en el que investigan el caso de una niña desaparecida, tienes que rellenar el guión de pequeños detalles que lo hagan especial, para que no sea una historia más de venganza u otra más de una chica desaparecida.  Y en ello se resume todo lo que has leído en este post hasta el momento. El posible simbolismo de los objetos, de las imágenes, o esos diálogos tan especiales, o ese personaje tan perturbador. Cuantos más detalles específicos tenga tu guión que lo hagan singular, mejor.

Es prácticamente imposible inventar una trama no vista hasta el momento, pero la buena noticia es que tampoco es necesario.

Si consigues encontrar esa atmósfera tan deseada, ese tono, esa, en definitiva, personalidad. Llénalo de diálogos con alma, que hagan especiales a los personajes. Dale sabor. Piensa en detalles poco comunes. Pero todo ello para potenciar la historia, no para perjudicarla.

Tan fácil, tan difícil.

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