Algunas pistas para escribir una comedia

Por LUIS MURILLO

La concesión del Goya de Honor al director Mariano Ozores supone la rectificación tardía de un grave error histórico: el desprecio hacia el género de comedia que ha existido-existe entre los miembros de la pomposa Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Si repasamos los premios de la mencionada institución a lo largo de sus treinta años de existencia el panorama es desolador: la comedia es un subgénero del cine español, algo casi vergonzante para los cultos académicos. Los premios se los han llevado casi siempre obras dramáticas, es decir, temas sociales trascendentes. Sólo en tres ocasiones, “Todos a la cárcel”, del maestro Berlanga, “Mujeres al borde un ataque de nervios”, de Almodóvar, y “La niña de tus ojos” de Fernando Trueba, podríamos estar hablando de una comedia. Y la última data de 1998… Hace dieciocho años…

Mariano-Ozores-Goya-Honor

LOS ÉXITOS CÓMICOS

La comedia es uno de los  pilares básicos sobre los que se asienta la historia del cine español, tanto por espectadores como por recaudación. Y con una elevadísima nómina  de directores a su servicio. Basta recordar nombres  como Pedro Lazaga, Tito Fernández, José Mª Forqué, Berlanga, Fernán Gómez, Cuerda, Alex de la Iglesia, Santiago Segura, Martínez Lázaro, etc.

Y sobre todo, el gran Mariano Ozores. Grande por el número de cintas estrenadas, por la gran cantidad de trabajo que generó en el sector y, sobre todo, por los centenares de miles de españoles que se han divertido, y se divierten, con sus películas.

El poder de la comedia española sigue vigente como prueba la doble ración de apellidos vascos y catalanes, “Perdiendo el norte” o “Ahora o nunca», cuatro cintas que han llenado las salas, han divertido al público y, desgraciadamente, no han existido para los sesudos y cultos académicos.

Ya que la mayestática institución no tiene en cuenta a la comedia, olvidémonos nosotros de aquella y analicemos lo que debe tener una cinta cómica para que se pueda convertir en un éxito de taquilla.

LAS CLAVES DE LA COMEDIA

Antes de cocinar sus ingredientes, conviene establecer una regla maestra: una comedia, casi siempre, es una historia dramática en la que el guionista manipula algún resorte que provoca la hilaridad el espectador. En un drama se cuentan las cosas como ocurren o pueden ocurrir en la realidad. En una comedia, lo que se hace es alterar esa realidad.

Un ejemplo nos iluminará la aseveración anterior: no hay nada más dramático para un hombre en la vida real, o para una pareja, que la impotencia masculina. Y, sin embargo, cuántas escenas desternillantes hemos visto en el cine gracias a los “gatillazos».

A.- LA IDEA

Importante, importantísimo, “dar” con el tema de la película. Básicamente,  debe estar encuadrado en uno de los cuatro apartados siguientes.

1.- La Trasgresión.

Tomarse a broma personajes o situaciones muy serios.

Es el caso de los nacionalismos en las dos películas de los “apellidos vascos y catalanes” dirigidas por Martínez Lázaro. O bien “Un funeral de muerte”, Frank Oz, (2007) donde la asistencia a la despedida de un “fiambre” genera una variada gama de situaciones esperpénticas.

2.- La Actualidad.

Conviene echarle todos los días un vistazo a la prensa y tener claros los temas que preocupan a nuestros conciudadanos.

Muchos jóvenes tienen que emigrar en busca de empleo porque en España no hay trabajo. Este tema lo refleja en clave cómica “Perdiendo el norte”, dirigida por Nacho G. Velilla (2015).

3.– El Romanticismo.

La lucha de una pareja por ser feliz cuando todos los astros y todos los moradores del Averno se conjuran contra ella.

“Ahora o nunca”, de María Ripoll (2015), cuenta los problemas que se les presentan a Eva y Alex. Tras varios años de noviazgo, deciden casarse en el lugar en el que se enamoraron: un pequeño pueblecito de la campiña inglesa. Sin embargo, una huelga de controladores impide que el novio y los invitados se reúnan con la novia y su séquito el día fijado.

4.- La Locura

Partiendo de una situación normal, nimia, cotidiana, un detonante inesperado la desmadra y todos los personajes atrapados en dicha situación comienzan a enloquecer.

Tenemos recientemente un magnífico ejemplo en “Mi gran noche”, de Alex de la Iglesia, (2015). La grabación de un programa de fin de año se desmadra hasta el desparrame cuando un piquete de trabajadores impide que el público y los artistas salgan del estudio donde se lleva a cabo la grabación.

B.- TRUCOS EN EL DESARROLLO

Tenemos ya la idea, el tema, pero ahora hay que convertirlo en guión. Y para ello hay que tirar de unos cuantos trucos de manual.

1.- El Chivato

Al contrario de lo que ocurre en las películas de terror o misterio, en las comedias el espectador tiene que ir por delante de los personajes. Si un individuo va a acostarse con una individua y uno o “ambos dos” están casados, y van a ser pillados “in follanti” por uno de los cornudos, hay que avisarle sutilmente al espectador de lo que va a pasar.

Es decir, en una comedia, el guionista se convierte en confidente del espectador. Le va soplando por adelantado parte de lo que va a ocurrir para que se lo imagine o se regodee mientras ocurre.

2.- El Absurdo

Una comedia sin situaciones absurdas es prácticamente inviable. Se trata de un aditivo que acepta el espectador sin rechistar, ya que forma parte de lo que hemos dado en llamar “las convenciones del género”.

Pero el absurdo tiene un problema con el que debemos tener cuidado: la medida. Si te pasas en una situación, si la llevas hasta el extremo, puedes cargarte el humor. Una medida bastante buena para soslayar este escollo radica en utilizar el surrealismo, es decir, el absurdo modulado por la cotidianeidad.

3.- Los diálogos inteligentes

Conviene aclarar, porque mucha gente no lo sabe, que los diálogos inteligentes deben existir en todos los géneros cinematográficos, ya que un diálogo inteligente es aquel que se adecúa a la escena en la que se encuentra.

Otra cosa son los diálogos “agudos”. Éstos sí son propios del género comedia porque sirven tanto para retratar a un personaje, como para subrayar la incoherencia de una situación o rematar una escena con una sonrisa. Agudeza, sí, pero sin pasarse.

Recuerdo una anécdota de un guión donde el productor me instó a que los diálogos fueran “muy inteligentes”. Y, claro, como era quién pagaba, puse una buena ristra de diálogos “inteligentes” que el citado productor no entendió y, obviamente, tuve que eliminarlos…

*Aquí no se cosca ni san estanislao (san Estanislao de Kostka)

*Debemos ir bien porque no vamos a ninguna parte.

*Yo soy yo y las circunstancias de quien tú quieras.

En fin, para qué seguir…

EL TRUCO FINAL

Y para terminar, un consejo de viejo.

Cuando escribas una comedia y no te salga con mucho humor, ve a la portada y donde pone “guión para una comedia”, le añades “dramática”…

Y problema solucionado.