la culpa del guionista

Cuando la culpa no es del guionista

Por LUIS MURILLO

En el mundillo cinematográfico es un clásico que, cuando una película no funciona en taquilla, el productor le echa la culpa al director. El director, por su parte, indefectiblemente achaca el fallo al guión y, a veces, al reparto que le impuso el productor. El guionista, como no posee ningún chivo expiatorio a mano en quien descargar los errores, tiene que resignarse y asumir que él es “el malo de la película”, y nunca mejor empleada la frasecita. Y debe resignarse y tragarse el marrón porque, si dispara contra el “del puro”, éste no volverá a contratarle.

A veces, aunque no siempre, el guionista, como válvula de escape personal, puede apelar al victimismo. Él no tiene la culpa de que su peli se haya estrenado frente a un blockbuster  americano, o que la programaran durante un Mundial de fútbol o una Eurocopa de naciones.

la culpa del guionista

REPARTO DE CULPAS

Aunque es complicado el tema, vamos a intentar aproximarnos a delimitar la responsabilidad personal-profesional de los fracasos cinematográficos. La casuística es muy numerosa, pero vamos a limitarnos a los tres agentes claves de cualquier obra fílmica.

EL PRODUCTOR

Como norma general, el primer responsable de un fracaso cinematográfico  es el productor de la cinta. Pero no siempre, como veremos más adelante.

Dado que es el que controla el dinero, tiene la última palabra a la hora de decantarse por una idea, aprobar una historia, aceptar un guión, de contratar a un director, de darle el visto bueno al reparto, así como de confiar en el compositor, el director de arte, el figurinista, etc.

En consecuencia, su cuota de responsabilidad es la más alta.

EL DIRECTOR

Un director puede destrozar un excelente guión si no logra contar con eficacia la historia que encierra o captar en imágenes el alma de la misma. O bien, si no consigue que los actores estén a la altura de la capacidad interpretativa que requieren los personajes. Por no decir que, a veces, se ruedan escenas que luego no hay divinidad que las empalme. O, también, que no controla perfectamente la calidad del sonido directo y luego se encuentra con diálogos ininteligibles en la sala de montaje.

En resumidas cuentas, el director es el segundo en el escalafón a la hora de tener que asumir responsabilidades por una película fallida.

EL guionista

Obviamente, el autor del guión nunca puede ser, en solitario, el máximo responsable del fracaso de un film. El propone un guión propio, o bien crea uno a partir de un encargo, pero el garante de aceptar su guión original  o de efectuar dicho encargo, está claro que es el productor.

Sin embargo, puede ocurrir, y muchas veces sucede, muchísimas más de las que el público pueda imaginar, que un buen guión de encargo u original se va al garete por errores no atribuibles a su talento creativo: mala dirección, errores de rodaje, reparto inadecuado, etc.

Es más. Los problemas que puede arrastrar un guión se pueden deber a cambios solicitados por el productor o el director.

UNA EXPERIENCIA PERSONAL

Hace bastantes años me encargaron una comedia de “Pajares y Esteso, pero moderna”. La idea era replicar con otros actores la saga de éxitos protagonizada por el citado dúo de cómicos. Yo ya poseía oficio tras bastantes guiones y pelis a mis espaldas, y en mes y medio tenía ciento diez folios con las aventuras amoroso-laborales de dos pícaros en paro acuciados por la crisis económica.

(Porque, sí, han existido otras crisis económicas, muchas, muchísimas. Siempre existe crisis económica para quien está en paro o para quien cobra una miseria).

Prosigamos… El guión gustó mucho en la productora y recibí varias felicitaciones. E, incluso, un abrazo del hijo del productor que se había “partido de risa” leyéndolo.

El “del puro”… Bueno, en realidad, para ser exacto, no fumaba Cohíbas sino cigarrillos rubios yanquis con boquilla… Bien, pues puso mi guión en manos de un director que, hasta entonces, creo que había rodado una sola peli, eso sí “de culto”, de las de “arte y ensayo” (¡Ay, estoy hablando del pleistoceno). Al mencionado director de culto no debió entusiasmarle mi vodevil pajaresyestesoprogre y le dijo al señor de la pasta que iba a retocarlo un poco…Un poco… Un poco…

Yo vi la peli en la moviola… Sólo quedaron en pie dos secuencias de las noventa y tantas que yo había escrito… Repito; dos, dos, sólo dos secuencias. Durante el visionado, mi dilema era: qué hago, ¿me pego un tiro yo o estrangulo al director trenzando una soga con el celuloide…?

Obviamente, la peli no funcionó. Y los críticos, cómo no, le echaron la culpa al guión. Y llevaban razón, la culpa era del guión, pero yo no era el culpable.

Sin embargo, como en la vida me gusta buscar el lado positivo a cualquier situación negativa, el guión de marras, leído hoy con la crisis económica que nos golpea, puede ser una divertida comedia e, incluso, una serie televisiva de largo recorrido. El tiempo dirá.

FINAL

Todo lo anterior es relativo al fracaso de una película. ¿Pero, y si la cinta es un éxito…?

Si el estreno es un éxito, obviamente, faltaría más, qué pregunta por favor, por supuesto…el mérito es del productor y del director. ¿Y el guionista…?

Del guionista…, también. En el feisbú, como mucho, le dan al “megusta” dos decenas de amigos, y el primo o la cuñada le suelen poner un “genial, Pepito” o algo similar.

Y digo yo, ¿por qué, al igual que se hace con otros colectivos sociales desfavorecidos, no se crea de una prostituta vez el DÍA INTERNACIONAL DEL guionista?

¿QUIERES QUE HAGAMOS UN ANÁLISIS DE TU guión?