Los concursos callejeros de televisión son rentables porque son low cost

Cómo crear un concurso callejero para televisión

La semana pasada dábamos una serie de directrices sobre cómo diseñar un concurso de prime-time, alertando al final de lo difícil que lo tienen los creativos españoles para vender un formato de este tipo en papel a las cadenas generalistas. Estás sólo compran concursos de éxito en el extranjero y viéndolos en el correspondiente dvd. Aquí no se apuesta, como ha ocurrido en ficción, por los formatos nocturnos autóctonos. Se pagan cantidades muy altas de royalties por ideas que se pueden conseguir en España por mucho  menos dinero. Pero este tema será objeto de un post específico dentro de poco tiempo.

También afirmábamos al final del artículo que era mucho más fácil «colocar» un concurso de media hora para franjas matinales, vespertinas o de access prime-time. Y de este tipo de certámenes vamos a hablar, alejándonos de los típicos y tópicos concursos de preguntas y respuestas culturales. Han existido y existen demasiados, por tanto no son novedad y su venta resulta mucho más complicada.

Los concursos callejeros de televisión son rentables porque son low cost

‘Lo sabe/No lo sabe’ inició en España la moda de los concursos callejeros de televisión.

CONCURSOS CALLEJEROS

No hace mucho tiempo hemos visto un género de pequeños concursos, algunos con más éxito que otros, a los que se ha denominado «callejeros» porque transcurren en plena vía pública. Tal vez el más recordado sea ‘Lo sabe, no lo sabe’. Este tipo de formatos tienen un coste de producción muy bajo, se graban varios en un día y el equipo se reduce al presentador-a, el director, dos cámaras, un ayudante de producción, un guionista, un montador  y un técnico de sonido. Es decir, un equipo de tv reducido a la mínima expresión, un formato low-cost total.

Creemos que este género de concursos «callejeros» tiene por delante un gran recorrido y lo que hemos visto hasta ahora son sólo unos balbuceos. A nuestro entender, han cometido todos el error de centrar el contenido en responder a preguntas. Preguntas y respuestas es una materia prima propia de un plato. La calle invita a a otro tipo de contenidos y, sobre todo, a darle un carácter mucho más lúdico y desenfadado. Es decir, este tipo de concursos son ideales para mini-pruebas, lo cual implica una gran labor de guión. Preparar una batería de cincuenta preguntas y respuestas le puede llevar a un guionista con oficio una hora. Imaginar y diseñar diez mini-pruebas visuales y, sobre todo graciosas, le puede llevar el doble de tiempo.

UNAS CUANTAS IDEAS

Por experiencia sabemos que la gente, en la calle, se presta a casi todo lo que le pidas. Y más si hay unos euros por medio, aunque sean pocos. En base a esta predisposición de los ciudadanos, las materia prima de estos concursos puede ser: contar chistes, cantar, imitar sonidos de animales u otros ruidos, quitarse prendas de vestir, adivinar algo usando sólo uno de los cinco sentidos, hacer que provoquen a otros ciudadanos o bien que busquen su colaboración para llevar a cabo una determinada acción,  etc. Es decir, hay que apostar por un espectáculo visual y cargado de humor, nada de preguntas y respuestas.

Pero cualquier cosa de las que hemos enumerado en el párrafo anterior necesita, para adquirir importancia como concurso, una idea, una mecánica por pequeña que sea. Aquí entra la labor, imprescindible, del creativo. ¿Cómo podemos convertir los mil ruidos que hay en la calle en un concurso? ¿Como podemos premiar al peor chiste que nos cuentan los parroquianos de un bar? ¿Cómo provocamos que la gente se quite prendas de vestir en medio de la vía pública? Etc, etc.

A manera de ejemplo, vamos a concretar una idea en una mecánica sencilla. Imaginemos uno de los muchos turistas que nos encontramos por la calle en las grandes ciudades, un turista japonés que no sabe nada de español. El presentador elige a cinco viandantes para concursar. Les ofrece 100 euros a quien consiga que el citado turista les responda a una pregunta. Por ejemplo, cuántos hijos tiene, cuál es su profesión, su comida preferida, si está casado; o bien que haga algo: cantar, toser, bailar, etc. Les da a cada uno un minuto para que se pongan delante del japonés e intente transmitirle lo que quiere conseguir de él. Los esfuerzos desesperados de los concursantes contrarreloj acudiendo a todos los recursos de mímica que se les ocurra, así como los equívocos que producirán en el turista, generarán una situación simpática. Si a esta idea y a esta mecánica les ponemos un título, por ejemplo ¿ME ENTIENDES O NO ME ENTIENDES?, tenemos el embrión de un concurso callejero que, lógicamente, hay que desarrollar más.

Suerte, amigos. Y no olvidéis, junto al formato, un posible patrocinador. Los patrocinadores, hoy, abren tantas puertas, o más, que las buenas ideas.

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