Agarra por el cuello y no lo sueltes.

Agarra al espectador por el cuello y no lo sueltes

Al escribir la escaleta, corremos el riesgo de pensar que es un documento que no va a leer nadie, sólo nosotros, o cómo mucho el director. Y, la verdad, podemos equivocarnos porque, aunque una escaleta es algo árido de leer, puede que un productor, un actor o un inversor te la pida en un determinado momento para leerla. Y entonces tienes que estar preparado. Tu escaleta ha de estar impecable como si fuera un documento vendedor, no una simple herramienta de trabajo interno.

Y esto me hace plantearme algo.

Agarra por el cuello y no lo sueltes.

Ahí está el espectador bien agarrado. Ni se te ocurra soltarlo. Sería el fin.

Los guionistas debemos ser comerciales aunque no queramos

Todos las herramientas que utilizamos son para vender, aunque nosotros pensemos que somos seres apocados que se refugian en la lectura y la escritura.

Cada detalle es importante: la imagen, la ropa, la simpatía, la sonrisa.

Pero vayamos a los documentos propios del guión y de la historia y veremos como todo guionista ha de ser un copywriter.

El objetivo de un pitch es que alguien quiera leer tu guión.

El propósito de un logline es que el receptor pida leer tu sinopsis.

El cometido de una sinopsis es que quien la lee pretenda conocer tu tratamiento.

El anhelo de un tratamiento es que esa persona termine solicitando el guión.

El objetivo de cada línea de guión es que el lector tenga ganas de leer la siguiente.

Y el posterior diálogo.

Y el cometido de cada secuencia consiste en que alguien quiera saber qué pasa en la que viene después.

Y así sucesivamente hasta llegar a la última secuencia.

Y el propósito de esta secuencia final es dejar un buen sabor de boca en el espectador: que piense que se ha reído, entretenido, emocionado o divertido con toda tu película. Y, ya, la repanocha, es que se quede pensando en ella durante los siguientes días.

Así que, agarra al espectador desde el minuto uno por el cuello y no lo sueltes hasta pasados unos días después de haber visto la película.

La única regla es no aburrir

Es verdad que existen manuales de guión, normas clásicas, modelos académicos y standards comerciales.

Pero lo cierto es que a cada uno le funcionan cosas diferentes.

Hay gente que le puede agarrar del cuello que haya una explosión en el minuto uno y otro que se puede sentir maravillado por un monólogo de quince minutos de alguien hablando sobre metafísica.

Y la única norma verdadera es no aburrir al público al que va dirigido tu película.

Eso sí: tienes que saber a qué público va dirigida tu obra.

Esto es innegociable.

Si no, no irás a ningún sitio.

Los que dan clases de guión, los que escribimos sobre guión, los guionistas con bagaje, sólo te podemos hablar desde la experiencia: de lo que hemos hecho nosotros hasta ahora y lo que han hecho otros.

Lo que no quiere decir que sea dogmático.

Si lo que tú haces va contra todas las normas habidas y por haber, contra lo hecho hasta ahora, pero llega al público al que va dirigido y éste disfruta con ello, entonces habrás logrado el objetivo.

Habrás hecho lo que tenías que hacer:

AGARRAR AL ESPECTADOR DEL CUELLO Y NO SOLTARLO.