trucos viejos de guión

5 trucos viejos para guionistas nuevos

Por LUIS MURILLO MORENO

Desde la autoridad que me conceden casi 45 años poniendo a “escurrir” el magín casi todos los días, y en base a los claros cabellos que coronan mi osamenta, claros por color y por escasos, me atrevo a reseñar una serie de “ratonerías” que pueden ser muy útiles a las nuevas generaciones de “siervos de la gleba cinematográfica”. Y a las no tan nuevas, también.

trucos viejos de guión

Empezamos…

1.- CÓMPRATE UN BLOC GORDO

Con las “pastas” fuertes para que el paso del tiempo no termine deteriorándolo y anota en él cualquier idea que se te ocurra con un mínimo interés.

Sí, ya sé que las puedes anotar en las “notas” del móvil y/o del ordenador. Pero los smartphones son muy, muy inteligentes. Sin embargo, con todo lo inteligentes que son todavía no han aprendido a no irse con los amantes de lo ajeno. Y los ordenadores son geniales, pero todavía no han inventado un antibiótico definitivo contra las infecciones.

El bloc gordo, hacedme caso, es el mejor archivador que se ha inventado hasta la fecha. Ah, y no os olvidéis un bolígrafo, “bic”, por supuesto. A los demás, a todos, incluso a los que tienen capuchones de oro, se les seca la tinta con el tiempo.

Lo de “carroza” no me molesta, así que tranquilo. No olvides quienes son los que viajaban en carrozas.

2.- NO DESCARTES NINGUNA IDEA

Probablemente, la inmensa mayoría de las ideas anotadas en el bloc serán malas, malísimas, supermalas y lo siguiente. Pero ten la absoluta seguridad de que unas cuantas son o pueden llegar a ser buenas, muy buenas, buenísimas o lo siguiente. E incluso las supermalas, pueden tener una “coma” aprovechable.

Yo llevo muchos años entre programas, formatos, guiones, pelis, novelas, cuentos y cía. porque un día, alguien, tras leer una historia mía, se quedó pensando un poco, exhaló una potente boconada de humo de un cohibas y, mirándome fijamente, me dijo:

  • Esto es una mierda, pero hay una coma que tirando, tirando, tirando de ella, a lo mejor podemos tener una magnífica historia.

3.- APRENDE A RECICLAR

Cualquier idea, cualquier historia, cualquier guión que tengas escritos son susceptibles de reorientación. Tanto temáticamente como de género. La diferencia entre el drama y la comedia es sólo una cuestión de medida, de contención en la situación y en los personajes.

El ejemplo más claro lo tenemos en un tema tan cinematográfico como el  adulterio. Si tienes una historia dramática con un triángulo amoroso, es facilísimo convertirla en un “vodevil de cuernos”. Bastará con exagerar las situaciones, los personajes y desmadrar los diálogos.

No olvides que la mayoría de las ideas son poliédricas por su propia naturaleza y, en consecuencia, aptas para enfoques muy diferentes.

4.- CUIDA LOS TÍTULOS

Generalmente, a los títulos no se les presta la atención que merecen, y te aseguro que son muy importantes. No olvides que el título es la tarjeta de presentación de un guión o una película, la primera noticia que tiene el posible espectador. Y para colmo, ahora está de moda dejarle el título original en inglés que, como la mayoría son frases hechas, no entienden ni  los que conocen dicho idioma.

No es lo mismo una peli que se titule “Out”,  que otra  que rece “El día que le corté el pene a mi marido”. Obviamente, la información que recibe el espectador de uno y otro título es abismal.

El buen título es aquel que despierta la curiosidad por conocer el contenido de la película. Ya sé que es muy difícil llevar a cabo este cometido con muy pocas palabras, pero hay que trabajarlo. Sobre todo debe transmitir el género al que pertenece, es decir, de qué va.  Para ello, resulta muy práctico elaborar una lista con unos veinte títulos y darla a conocer a familiares y amigos para saber cuál les gusta más.

5.- OJO CON LOS “DIÁLOGOS INTELIGENTES”

En el cine español, ahora parece haber amainado un poco, hemos vivido una larga etapa en la que todos los productores pedían guiones con diálogos inteligentes. Y andaba todo el universo guiónístico emulando a don Billy Wilder, buscando durante horas y horas una réplica aguda a cualquier pregunta de uno de los personajes.

Por ejemplo:

MARGA.- ¿Qué hora es, Pepe…?

Y tras dos horas y media podíamos tener respuestas tan “inteligentes” como las siguientes:

PEPE.-  Olvídate de la hora, amor. El tiempo no existe en nuestras vidas

PEPE.-  La eternidad, ratita, ha desaparecido de nuestro mundo.

PEPE- ¿No sabes qué hora es? Tú y yo somos la hora.

PEPE.- Por favor, cariño, no me hagas esa pregunta. No seas cruel conmigo.

PEPE.- El reloj señala las doce y media, pero mi corazón marca el fin de la Historia.

Cuidado, repito. De los diálogos inteligentes al pitorreo hay sólo unos milímetros. Conozco, conocemos, no pocas pelis dramáticas que, gracias a unos “diálogos inteligentes”, se han metamorfoseado en desternillantes.

En resumen, no te obsesiones con ser Billy Wilder. Los diálogos tiene que ser buenos, y “buenos” significa adecuados a la historia y a los personajes de la cinta en cuestión. Te puedes cargar un buen guión si le metes réplicas y contrarréplicas forzando su “agudeza”.

Lo de “inteligentes” vendrá por añadidura si el film es un éxito. Justo lo que le ocurrió a Nadie es perfecto, la celebérrima frase final de “Con faldas y a lo loco”.

FINAL

Hasta aquí estos pequeños consejos en base a mi experiencia personal. Volveremos pronto con algunos más. Por ejemplo, las “válvulas de escape” en las películas dramáticas, el empezar un guión por el final, el peligro de las numerosas versiones, la sabiduría de respetar la trilogía sagrada de planteamiento-nudo-desenlace, y sobre todo, la importancia de cuadrar el puzzle de las secuencias.

Y no olvides un viejo refrán que dice: más sabe el diablo por viejo que por diablo.